De tenis, obviamente, vamos a hablar en este relato...
O de los comportamientos, francamente inaceptables, de quien escribe estas líneas, cada vez que incursionó en el blanco deporte de Fred Perry, René Lacoste, y Diportto (Ah, no... Este no fue tenista, fue remera solamente...)
Mi primer recuerdo con "mi palito de tenís" (exacta definición de Homero Simpson, sobre la raqueta), se remonta a aquellas épocas que éramos una familia francamente burguesa, y estábamos asociados al conchetísimo club Harrod's, y mis ambas dos hermanas, iban vestiditas de blanco inmaculetti, a abanicar las pelotitas blancas que les pasaban a dos metros, en las enormes canchas...
Yo, como era el menor, por suerte zafaba de las delirantes ínfulas por el estilo, y solo iba al buffet a matar mis penas, acodado a la barra, con mi Cindor amiga, algún que otro pancho, y seguramente, refrescantes helados...
Cuando retornábamos a casa, después de esas agotadoras jornadas de club, las raquetas pasaban a hacer de guitarra en mis manos, parodiando a vaya uno a saber quien...
Un tanto mas grandecito y boludón, cuando éramos novios con Claudia, nos hicimos socios de tenis de Lanús (Ya dejamos de tirar nivel... Empezamos a tirar mijo por las costuras...) y los domingos a la mañana íbamos a pegarle desangelados viandazos a los frontones, y aprendimos a gritar, muy "caretamente" el código secreto "gracias ball", para que nos devuelvan las pelotitas que tan caprichosamente iban a parar a las canchas vecinas, donde otros entusiastas proto-deportistas como nosotros, disputaban fervorosos matches, creyéndose Jaites o De La Peñas, héroes de ese momento...
Ahí, en Lanús, ocurrió un hecho bochornoso, que de pura casualidad, quedó en la intimidad, y solo va a trascender en este relato:
Para poder jugar en las canchas (unas 8 o 9, mas o menos), había que pasar por la casilla y anotarse en la que estuviera libre. Los turnos, eran de media hora por cancha, y cuando terminabas de jugar, tenías que salir de la cancha, pasar de vuelta por la casilla, volver a anotarte en otra cancha vacía, que podía ser en ese momento, o podías llegar a perder media hora porque estaban todas ocupadas... Era medio embolante jugar media hora y cortar, pero no te permitían anotarte en mas de una... Un día, pispeo la planilla, y veo que hay un socio, un tal Sr. Riego, que se había anotado en todas las canchas, sin respetar eso de anotarse en una sola, e iba a jugar, por ejemplo, a las 9 en la cancha 1, 9 y media en la cancha 2, a las 10 en la cancha 3, 10 y media en la cancha 4, y sucesivamente, hecho que me puso de los pelos, y cuando estaba a punto de empezar a armar quilombo, sutilmente Claudia me dijo: ¡Pelotudo...! "Riego" no es un socio... En la planilla anotaron el horario en que riegan las canchas...!!!
Plop...!!!
El tenis, como habrán visto, no es para mí...
Años mas tarde, lo comprobé definitivamente, cuando la empresa para la cual trabajaba, decidió hacer un evento deportivo para agasajar a clientes, proveedores y personal, para lo cual se alquiló el club Huracán de San Justo todo un domingo. Después de la experiencia "Lanús", hacía años que no agarraba una raqueta, y la mía, se la había prestado a Patricia, así que se la pedí y alegremente encaré el desafío. Cuando llegué, me informaron quien iba a ser mi compañero de dobles...
Se los voy a describir de la forma mas piadosa posible...
Un señor mayor, con un quincho estilo Mariano Mores, color naranjizo, que ni bien nos presentaron, me llevó a pelotear, mientras me hablaba de estrategias de juego (?), preguntándome si mi fuerte era el saque o la volea, y otras cosas similares... Comprendí, rápidamente, que ese empresario del calzado deportivo, tenía serias, muy serias intenciones de alzarse con la copita de plástico dorado, mientras que mis mayores expectativas, eran ligar un trozo bien a punto de vacío, y que el chimichurri no estuviera muy fuerte...
Perdimos el primer partido, y el tipo ya no me hablaba...
El segundo lo ganamos de una manera muy cómica (al menos para mí...), ya que fue con una volea errada por este escriba... En vez de golpear con el encordado, la pelotita me pegó (Si... Leyeron bien... puse "la pelotita me pegó...") en la parte baja del marco, hizo una parábola de mierda, pegó en el fleje y cayó muerta del lado contrario... Por supuesto, que acompañando a un ganchito en puño hacia arriba, un grito animal surgió desde el fondo de mi garganta: "vamossss...!!!"
A esta altura, el tipo estaba rojo de la indignación...
Los rivales derrotados, colegas de él, pero mas jóvenes, se cagaban de risa y me gastaban por mi tiro ganador...
Después de entrarle a un choripán, y antes de afrontar la siguiente ronda, viene uno de los socios, el organizador, y sin poder contener la risa me pregunta "¿Qué pasó? Me pidió que le cambie el compañero..." Le conté, y me dice en joda: "Che, no espantes los clientes...!!!"
¡El tipo había ido con la unica intención de ganar un campeonatito pedorro de chapuceros, como éramos la mayoría, y no estaba dispuesto a perderlo... INCREIBLE...!!!
Bueno, me pusieron como pareja de otro jodón como yo, nos cagamos de risa, perdimos, por supuesto, el siguiente partido (y nos chupó un huevo...), comimos, bebimos, nos morimos al sol y al día siguiente a laburar...
Mi primer compañero de dobles, me odió por mucho tiempo, y no es joda...!!!
Creo que desde ese día, empecé a odiar este deporte...
Mas que odiar al tenis, empecé a odiar a los gansos que copian todos los tics, caprichos, imbecilidades, de los Top Ten, y se creen seres superiores por practicarlo... (Volviendo al título del relato, ni me quiero imaginar la cantidad de bajas por lesión en la muñeca que va a haber esta semana en los torneos internos de los clubes o countries...!!!)
Hasta la próxima



Soberbio como siempre Crosti!!! Y muy "piadosa" la descripción del compañero de dobles.jajaja.
ResponderEliminarPatricia