Este relato, como reza el título, trata de la tan mentada "inseguridad", en este caso, vivida en primera persona. Mas que un relato, podría ser considerado una alcahuetería, hecho que me tiene sin cuidado... Los sucesos son de hace mas de 15 años, y no se si prescribió...
Ocurrió en una empresa donde trabajé un tiempo, y que no pienso nombrar, y muestra el comportamiento cuasi mafioso de su titular, un curioso caballero de provincias, que tenía la costumbre de hacerse el porteño en sus pagos, y el provinciano en la Capital. (Claro que para quienes compartíamos su presencia, de un lado u el otro, caía igual de repugnante y soberbio...)
Bueno, vamos a los bifes... Se acercaba el mediodía, el bagre picaba, y tomé la decisión de ir a comprar mi almuerzo. En el momento que regresaba, justo pasó por la puerta un 128 color champagne (o "shampein", como le dicen ahora por la trola sin cerebro...), de esos que tanto me gustaban, con 2 tipos, que miraron hacia donde estaba. Una vez que entré, dejé las cosas en la heladera, y fui hacia el escritorio. Sigo con mis tareas, y unos minutos después, se escucha una balacera que viene del local de ventas, que estaba al fondo. El dueño, que estaba reunido con uno de sus socios y la secretaria, dijo, muy calmo: "esos fueron tiros". Acto seguido, por el largo pasillo con piso de madera, se sienten pisadas apuradas acercándose, quedando solitos mi alma y yo, de frente al par de cacos con sus pistolas apuntándome, y exigiendo que les abra la puerta. Temblando como una gelatina me acerqué a la puerta e intenté abrirla, sin éxito, y mientra era puteado y golpeado con el dorso de la mano que tenía el chumbo por uno de ellos, modo sutil de ordenarme que vaya a buscar las llaves, que a todo esto, no tenía puta idea de donde estaban. Con un hilito de voz, preguntaba (a quienes no me querían escuchar, y mucho menos, responder) "¿Dónde están las llaves...?". Por suerte, el otro logró abrir la puerta, le dio la orden de irse al que me amenazaba, y este me hizo arrodillar en una esquina, como en penitencia, mientras, apuntándome al marote de refilón, amablemente me decía "Mirá la pared porque te quemo...!"
Pasados uno o dos minutos, calculo, sale de su oficina, el socio del dueño, gateando, cierra la puerta y me dice "Ya pasó todo". Me levanto, recaliente con todos, con el bobo latiendo a 1000 por hora, y después de las preguntas y respuestas boludas de rigor, nos percatamos que desde atrás, no llegaba ningún tipo de sonido... "¿Qué habrá pasado?" Los cuatro, juntitos como un atado de espárragos, casi en puntitas de pie, fuimos para el fondo, con el temor de encontrarnos a tres tipos despanzurrados, al estilo "Kill Bill". Abrimos la puerta y vimos al encargado del salón sentado en su escritorio, y a un corredor sentado contra una mampara, ambos pálidos y con la elasticidad del mármol en sus cuerpos... Al escuchar nuestras voces, de la zona de los baños, apareció el policía que, como adicional a su trabajo, custodiaba el local.
Una vez que se constató que todos estábamos con un cagazo marca cañón, pero vivos y sanos, comenzó la reconstrucción del hecho, entre los que participamos...
El custodio, que estaba en la puerta del salón, y abría a los visitantes, dejó pasar a estos dos tipos, vestidos de traje, con maletines, que no coincidía demasiado con la vestimenta, mas informal de los habituales compradores, así que después que entraron, cerró con llave y se fue a colocar detrás de la mampara donde encontramos al corredor. Sus sospechas fueron acertadas, ni bien llegaron al mostrador donde los iba a atender el encargado, abrieron los maletines y sacaron sus 9 mm. En ese momento, uno de los chorros le dice al otro "andá a buscar al portero". Cuando va para la puerta, no ve a nadie, entonces lo empiezan a buscar y cuando se meten el baño, empiezan a cagarse a tiros... Los chorros tratan de escaparse, y cuando llegan a la puerta, la encuentran cerrada con llave... Vuelven disparando al salón, y después encaran para las oficinas... A partir de ahí, ya les conté lo que pasó.
Mas tarde, llegó la policía científica, levantaron tres casquillos, midieron, felicitaron a su compañero por el valor, tomaron todos nuestros datos, y a esperar ser citados para declarar...
El corredor, que era un tipo mayor, seguía inmóvil en su silla. A escasos 10 centímetros de él, había un agujero de bala...
En el baño donde se parapetó nuestro héroe, que era individual, de 1 x 1 metro, había azulejos y una baldosa rotas, y un agujero de bala, que daba exactamente en el centro de la cabeza de cualquiera que se encontrara adentro... Lo curioso fue que dentro del baño, encontraron solo un casquillo...
Esa tarde, de puro aburrido, como pasa siempre que un hombre mea parado, estaba mirando el agujero del disparo, pensando "Como zafó... lo pudieron haber hecho bosta...!", se me ocurre "pispear" desde el baño para afuera, y el agujero, que era inclinado hacia abajo, coincidía justo con el agujero del tiro en la mampara, al lado del corredor...
Lo llamé al encargado, lo hice mirar, y llegamos a la misma conclusión: En el baño, el único que había disparado era el poli... El casquillo de la bala que atravesó la puerta del baño, y la mampara, lo encontraron entre la mercadería, al fondo (había raspado el piso). Y el casquillo que encontraron dentro del baño, rebotó en dos azulejos y en el piso (no se mató solo, de pedo...) Los chorros solo habían disparado en la zona de la entrada, cuando encontraron la puerta del salón cerrada...
Al día siguiente, viene el dueño y me pide "Dame tu versión sobre lo que vas a declarar". Me hizo mandibulear media hora contando mi visión, pero en realidad, le importaba medio carajo mi relato. Cuando terminé, me dijo (sic) "Y ahí fuiste a tu escritorio y descubriste que se habían llevado el sobre con los 5.000 dólares..."
¿Lo quéééééé...???, dije al tiempo que hacía Plop!, como en las tiras que leía de chico...
"Si, el sobre con los 5.000 dólares", me repite...
"Yo jamás tuve un sobre de 5.000 dólares en mi escritorio...!", dije...
"Ya se, es lo que le voy a decir a uno de mis socios, al que le tenía que enviar ese dinero... Aprovecho lo del robo, y le digo que nos robaron el sobre preparado para él..."
"Ah... si, pero en la Policía yo voy a declarar lo que ví...!", sostuve...
"Mirá, en realidad, la declaración policial es un formalismo, no pasa nada... y a mi me sirve que declares eso...", trató de convencerme...
"Voy a declarar lo que vi..." Cerré, tajante...
En fin... Podrán notar que siempre tuve joyitas como empleadores...
Después vengan a preguntarme ¿por qué fuiste tan inconstante en tus trabajos?
En el próximo relato, otra de caños, y mandamases macanudos...
Nos vemos
Ocurrió en una empresa donde trabajé un tiempo, y que no pienso nombrar, y muestra el comportamiento cuasi mafioso de su titular, un curioso caballero de provincias, que tenía la costumbre de hacerse el porteño en sus pagos, y el provinciano en la Capital. (Claro que para quienes compartíamos su presencia, de un lado u el otro, caía igual de repugnante y soberbio...)
Bueno, vamos a los bifes... Se acercaba el mediodía, el bagre picaba, y tomé la decisión de ir a comprar mi almuerzo. En el momento que regresaba, justo pasó por la puerta un 128 color champagne (o "shampein", como le dicen ahora por la trola sin cerebro...), de esos que tanto me gustaban, con 2 tipos, que miraron hacia donde estaba. Una vez que entré, dejé las cosas en la heladera, y fui hacia el escritorio. Sigo con mis tareas, y unos minutos después, se escucha una balacera que viene del local de ventas, que estaba al fondo. El dueño, que estaba reunido con uno de sus socios y la secretaria, dijo, muy calmo: "esos fueron tiros". Acto seguido, por el largo pasillo con piso de madera, se sienten pisadas apuradas acercándose, quedando solitos mi alma y yo, de frente al par de cacos con sus pistolas apuntándome, y exigiendo que les abra la puerta. Temblando como una gelatina me acerqué a la puerta e intenté abrirla, sin éxito, y mientra era puteado y golpeado con el dorso de la mano que tenía el chumbo por uno de ellos, modo sutil de ordenarme que vaya a buscar las llaves, que a todo esto, no tenía puta idea de donde estaban. Con un hilito de voz, preguntaba (a quienes no me querían escuchar, y mucho menos, responder) "¿Dónde están las llaves...?". Por suerte, el otro logró abrir la puerta, le dio la orden de irse al que me amenazaba, y este me hizo arrodillar en una esquina, como en penitencia, mientras, apuntándome al marote de refilón, amablemente me decía "Mirá la pared porque te quemo...!"
Pasados uno o dos minutos, calculo, sale de su oficina, el socio del dueño, gateando, cierra la puerta y me dice "Ya pasó todo". Me levanto, recaliente con todos, con el bobo latiendo a 1000 por hora, y después de las preguntas y respuestas boludas de rigor, nos percatamos que desde atrás, no llegaba ningún tipo de sonido... "¿Qué habrá pasado?" Los cuatro, juntitos como un atado de espárragos, casi en puntitas de pie, fuimos para el fondo, con el temor de encontrarnos a tres tipos despanzurrados, al estilo "Kill Bill". Abrimos la puerta y vimos al encargado del salón sentado en su escritorio, y a un corredor sentado contra una mampara, ambos pálidos y con la elasticidad del mármol en sus cuerpos... Al escuchar nuestras voces, de la zona de los baños, apareció el policía que, como adicional a su trabajo, custodiaba el local.
Una vez que se constató que todos estábamos con un cagazo marca cañón, pero vivos y sanos, comenzó la reconstrucción del hecho, entre los que participamos...
El custodio, que estaba en la puerta del salón, y abría a los visitantes, dejó pasar a estos dos tipos, vestidos de traje, con maletines, que no coincidía demasiado con la vestimenta, mas informal de los habituales compradores, así que después que entraron, cerró con llave y se fue a colocar detrás de la mampara donde encontramos al corredor. Sus sospechas fueron acertadas, ni bien llegaron al mostrador donde los iba a atender el encargado, abrieron los maletines y sacaron sus 9 mm. En ese momento, uno de los chorros le dice al otro "andá a buscar al portero". Cuando va para la puerta, no ve a nadie, entonces lo empiezan a buscar y cuando se meten el baño, empiezan a cagarse a tiros... Los chorros tratan de escaparse, y cuando llegan a la puerta, la encuentran cerrada con llave... Vuelven disparando al salón, y después encaran para las oficinas... A partir de ahí, ya les conté lo que pasó.
Mas tarde, llegó la policía científica, levantaron tres casquillos, midieron, felicitaron a su compañero por el valor, tomaron todos nuestros datos, y a esperar ser citados para declarar...
El corredor, que era un tipo mayor, seguía inmóvil en su silla. A escasos 10 centímetros de él, había un agujero de bala...
En el baño donde se parapetó nuestro héroe, que era individual, de 1 x 1 metro, había azulejos y una baldosa rotas, y un agujero de bala, que daba exactamente en el centro de la cabeza de cualquiera que se encontrara adentro... Lo curioso fue que dentro del baño, encontraron solo un casquillo...
Esa tarde, de puro aburrido, como pasa siempre que un hombre mea parado, estaba mirando el agujero del disparo, pensando "Como zafó... lo pudieron haber hecho bosta...!", se me ocurre "pispear" desde el baño para afuera, y el agujero, que era inclinado hacia abajo, coincidía justo con el agujero del tiro en la mampara, al lado del corredor...
Lo llamé al encargado, lo hice mirar, y llegamos a la misma conclusión: En el baño, el único que había disparado era el poli... El casquillo de la bala que atravesó la puerta del baño, y la mampara, lo encontraron entre la mercadería, al fondo (había raspado el piso). Y el casquillo que encontraron dentro del baño, rebotó en dos azulejos y en el piso (no se mató solo, de pedo...) Los chorros solo habían disparado en la zona de la entrada, cuando encontraron la puerta del salón cerrada...
Al día siguiente, viene el dueño y me pide "Dame tu versión sobre lo que vas a declarar". Me hizo mandibulear media hora contando mi visión, pero en realidad, le importaba medio carajo mi relato. Cuando terminé, me dijo (sic) "Y ahí fuiste a tu escritorio y descubriste que se habían llevado el sobre con los 5.000 dólares..."
¿Lo quéééééé...???, dije al tiempo que hacía Plop!, como en las tiras que leía de chico...
"Si, el sobre con los 5.000 dólares", me repite...
"Yo jamás tuve un sobre de 5.000 dólares en mi escritorio...!", dije...
"Ya se, es lo que le voy a decir a uno de mis socios, al que le tenía que enviar ese dinero... Aprovecho lo del robo, y le digo que nos robaron el sobre preparado para él..."
"Ah... si, pero en la Policía yo voy a declarar lo que ví...!", sostuve...
"Mirá, en realidad, la declaración policial es un formalismo, no pasa nada... y a mi me sirve que declares eso...", trató de convencerme...
"Voy a declarar lo que vi..." Cerré, tajante...
En fin... Podrán notar que siempre tuve joyitas como empleadores...
Después vengan a preguntarme ¿por qué fuiste tan inconstante en tus trabajos?
En el próximo relato, otra de caños, y mandamases macanudos...
Nos vemos

FAV a esto: "Los cuatro, juntitos como un atado de espárragos" y "pálidos y con la elasticidad del mármol en sus cuerpos..." y otro, mucho más grande, a tu honestidad.
ResponderEliminarSe agradecen los Favs...!!! Firmado: Un tipo honessssto... jajajaaa
ResponderEliminarBesos
Ese es mi amigooooo!!!!
ResponderEliminarLo digo por el dueño jajajaj.
Que anécdota querido. Renuncia? Despido?
Abrazo!
??
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